lunes, 16 de junio de 2008

Novela. Cap. 3

Estamos enfrentadas, en su cuarto. Ella, tendida en el sofá; yo , recostada en su cama. Hay largos silencios y algunas preguntas que no quiero contestar. Los ojos se me llenan de lágrimas.
Por qué mis hermanos me molestan tanto?
llanto arrulla de niña bahia abrigada tortuosa vida grito desde el interior de la infancia no la protegí no lo suficiente surge esa imagen que ella evoca no me culpa escena agrietada surge de la borrosa memoria a flote a flote
¿Por qué se sonríen entre ellos? Lo noto. Mis hermanos.
La ventana entreabierta de su cuarto deja ver el edificio bajo de dos pisos, lindante con nuestra casa. Casi nunca vemos asomarse a sus ocupantes. Vistoria, vení que te pongo la moña. Palabras que han quedado como un lejano recuerdo de aquella niñera jujeña que perseguía a mi hija tratando de`peinarla.
Otra niñera fue la del problema.LLama llama desde algún intersticio del pasado tortuoso aparece rostro redondo mirada burlona, tanta ingenua confianza una chiquilla de 15 años no tiene noción, ¿o sí la tiene?
Yo también desde ese cuarto pierdo noción. Me pienso hija. AIRAM AILUJ empezar otra vez dar vuelta los guantes escuchar esta vez los cantos de sirena escuchar.
En sueños el vino con su aliento pidiendo dulcemente que lo acompañara un minuto de su vida sin saber que sería el último compartido. Y la negativa.Seguir en la búsqueda de sí misma bucear en la inmensidad de sus once años

domingo, 15 de junio de 2008

Novela. Cap. 2

Habíamos resuelto encontrarnos con las dos primas a las que no conocíamos , con las que compartíamos un apellido pero no la historia. Ibamos al encuentro con la sensación de que queríamos auscultar en cuestiones familiares que siempre nos habían sido veladas. Nos parecía que pronto se descorrería una cortina que ensombrecía una parte de la vida de la familia.
Cómo habíamos dado con ellas era una cuestión de esas que se simplifican diciendo:" Qué pequeño es este mundo"o "no existen las casualidades" pero era mucho más profunda, de hecho estábamos en camino a conocerlas.
Ellas dos eran las nietas de Hilaria y representaban ese pedazo de historia que no conocíamos pero lo increíble era que yo estaba a dos meses de partir de mi país, quizá para siempre y tenía la posibilidad justo antes de mi mudanza a Europa de conocerlas. Pensaba que
sería como cerrar un capítulo de la historia que permanecía confuso.

jueves, 12 de junio de 2008

Hilaria . (Novela). Cap. 1

Había en mi familia un mito que circulaba desde siempre, como circulan y se transmiten los mitos. Era el de Hilaria. Los más chicos de los primos no sabíamos bien por qué pero cuando alguien tocaba el tema o la nombraba , se hacía un silencio abrumador.
Sólo a través de las hendijas de la puerta podíamos a veces escuchar comentarios. No nos explicábamos qué cosa tan grave podía haber sucedido con ella para que tanto misterio la rodeara, aún sabiendo que vivía en la ciudad de Buenos Aires nadie , que supiéramos, la había visto desde hacía por lo menos unos veinte años.
Entre los chicos íbamos armando una historia escabrosa. Sabíamos que había gastado buena parte de la fortuna de su marido no el modo como eso se produjo pero leíamos la indignación en las miradas de todas las tías y era suficiente. Había quedado embarazada siendo soltera, ambos habían tenido una luna de miel asombrosamente larga; tan larga que , en broma ,cuando alguien se refería a una luna de miel , aclaraba "imagínense una luna de miel como la de esos parientes, que mejor no nombrar".
Unos seis meses después de haberse casado volvieron a la casa del campo de toda la familia con un
niño recién nacido, según dijeron, aunque, a juzgar por su madurez parecía bastante más crecido.
Siempre creímos que el escándalo se produjo cuando el niño tendría unos tres años e Hilaria abandonó a su esposo y al nene y se fue, enamoradísima, siguiendo a un peón.
Eran todas conjeturas y no estábamos muy seguros de ninguna, incluso algunas se contradecían
pero en lo que nadie dudaba era en que ella era elegante, (o lo había sido), esbelta y de modales afrancesados.Recibía los catálogos de moda de Paris y encargaba sus trajes finísimos a las tiendas de Avenue Foch y sus sombreros a un diseñador muy conocido de los Champs Elysées. Pronunciábamos con fruición esos nombres que nos transportaban como en una alfombra mágica a esos lugares remotos.
Nos encantaba mirar fotografías de aquel entonces e imitarla. Hasta habían quedado zapatos suyos
en la piecita que servía de desván que era nuestro centro de operaciones a la hora en que los grandes dormían la siesta y montábamos sobre ese calzado finísimo con muy poco uso para parecernos a ella.

Angélica Gorodischer

"La locura es una flor en llamas"

Bertold Bretch

"El arte no es un espejo para reflejar la realidad sino un martillo para darle forma"

jueves, 5 de junio de 2008

Arde la fogata de San juan

Epígrafe: "Bailan los negros en la noche
ante la fogata encendida
tum-cutum, tum-cutum
ante la fogata encendida"
Pales Mattos



Los chicos alimentan
una fogata hambrienta
la reina de la noche
les sofoca las mejillas
esgrime sus piernas de red
alrededor del fuego
y sus tacones imprimen
una huella indeleble
en la tierra blanda

Proyección al infinito (cuento)

Vamos a suponer que los carteles pegados a las vidrieras de la farmacia cerrada desde hacía una década hayan terminado por cansarlo y se decidiera finalmente a acabar de una vez por todas con la pegatina para, al fin de cuentas, poder mirar a través de los vidrios y que la luz, por tantos años negada a esa parte de la casa, se filtrara con el calor irradiado y se observaran los movimientos de la calle que en esa esquina son particularmente intensos.


No digo que le haya sido fácil tomar la decisión y comenzar a arrancar esos papeles después de humedecidos con la esponja que se sumergía en el balde después de cada pasada.


No debe haber resuelto estos ademanes sin oponer varios reparos, sin examinar la conveniencia o no de dar el paso, pensar sobre todo en lo de afuera, porque ahora habría un afuera y ojos, muchos ojos que mirarían con curiosidad, que pondrían la mano perpendicular al vidrio y acercrían la frente hasta tocar el vidrio para que el reflejo intenso no les impidiera ver lo quetanto tiempo les fue vedado: el interior de la farmacia que cerró sus puertas cuando cerró sus párpados el farmaceutico. Ahora su hijo parecía despertar de nuevo a la vida


No hay en el barrio quien ignore que en todos estos años sólo ocasionalmente se veía al hmbre, sin otras señas que las de "hijo del farmaceútico" que históricamente había atendio en esa esquina hasta el momento de su muerte. En esas contadas ocasiones en que salía, el hombre realizaba exiguas compras de elementos de primera necesidad e ingresaba presuroso a su domicilio, adyacente a la farmacia, edificio cada vez más decrépito y empapelado de anuncios que periodícamente eran tapados por otros que irremisiblemente serían ocultados por otros nuevos.


En esos años puertas adentro prácticamente no tuvo comunicación con la gente: vivía solo, se sabía que no salía nunca y jamás entraba persona alguna al lugar.


Vamos a suponer que no tuvo en esa década pasada en soledad ninguna necesidad de trabajar, ya que su padre había acumulado un buen capital de modo que le permitiera vivir bastate bien sinhacer esfuerzos.


Ese día finalmente asomó las narices y puso manos a la obra. Con energía, con fe, con pasión fue despegando uno a uno los fragmentos de papel del vidrio y limpió aquello que más costaba, esos pedacitos adheridos por el pegamento que tanto enturbiaban la visión hacia adentro


Al final, la limpieza dejó de ser noticia y ya todos se fueron acostumbrando a la transparencia de las vidrieras y sólo alguno que otro se detenía a mirar para adentro y adivinar los años de clausura del lugar, a juzgar por el polvo acumulado en los estantes y en el escritorio o en los anaqueles. Pronto también el hijo del farmaceútico arremetió con el deorden interior del local. primero lavó los pisos, sacudió las cortinas, repasó y lustró los mostradores viejos de madera lustrada, ahora con un brillo ahogado que no terminaba de mostrarse..


Si alguien hubiera observado detenidamente hubiera visto al hombre atareado ,en sus momentos de descanso ,observar fotografías que sacaba de unas cajas polvorientas, donde se hallaban ordenadas prolijamente por fecha.. Las pasaba minuciosamente por un proyector de diapositivas, las volvía a mirar, las desechaba o las acomodaba en una pila donde iban a parar las que seleccionaba. Repetía estos movimientos a lo largo de muchas horas, absorto.


Si alguien, como dije, hubiera sabido ver, quizá habría podido evitar lo sucedido pero no es fácil anticiparse.


Comenzó a proyectar las fotografías sobre la pared blanca que se ve detrás de la vetusta caja registradora que su padre administraba con recelo y estaba situada en el ángulo derecho según se entra desde la calle.


Al ver las fotos, especialmente una, de una magnífica definición, podía uno pensar que el farmaceútico en realidad estaba vivo en ese rincón donde lo que se proyectaba era su imagen como un holograma. Tenía una expresión tan despectiva como la que lo había acompañado en su vida de comerciante, en su rol de farmaceútico de barrio de ciudad grande, distante y apático.


Si bien es verdad que se extrañó su presencia fue más por la costumbre o el hábito de verlo ahí, en su puesto, que por el contacto o el vínculo con sus clientes.


Una mañana, el hijo (dicen los que lo vieron salir) se preparó y se vistió con más cuidado que nunca, afeitado y limpio cruzó la calle pero, para sorpresa de los más atentos, rehizo en seguida el camino hacia la farmacia de nuevo pero mirándola de frente ahora y viendo que los autos comenzaban a acelerar (porque el semáforo les daba permiso) aceleró él también el paso, siempre mirando a la farmacia y más adentro donde la imagen de su padre tan real se proyectaba como si estuviera vivo y sentado para siempre en su taburete frente a la caja, última mirada del hijo hacia el padre (ahora soy yo el que te deja) que seguía proyectado al infinito y él se iría con esa última mirada para que esa última visión, la de su padre, como antes en ese trono, fuera suya para siempre.