Estábamos sentadas con las primas en el bar de Liniers habíamos hablado durante horas. Empezaba a oscurecer. Ellas se preguntaban por qué la familia las había apartado, después de la muerte de la abuela ya que, suponiendo que ése fuera el obstáculo para volver a reencontrarse no había impedimento para poder ir y visitar los lugares familiares.
Nosotras ignorábamos el trato que algun pariente les había prodigado o quizá la indiferencia cuando ellas llamaron en ocasiones dejando traslucir cierto interés por conocer Pellegrini o Salliqueló o el campo donde su abuelo había armado aquel avión.
Nos pareció que sería bueno poder conversar con alguna tía, contarles del encuentro y ver la reacción al enterarse de que nos habíamos conocido con las nietas de Hilaria Y León.
Finalmente hablamos con la más joven de las tías. Mucho no se acordaba del tema, aunque alguna vez había oído que al que se le habían cerrado las puertas era al padre de las chicas, a Michel, pero no recordaba por qué. Sabía que algo grave había sucedido, un asunto tan delicado que ni a ella se lo habían contado con detalles, pero siempre supuso que se trataba de un robo y además ahora el tiempo le había ido desdibujando los recuerdos y todo se le confundía.
Sentimos que otra vez la memoria se atoraba en un embudo por el que no podían pasar ciertas cosas, que quedaban del otro lado. ¿Era del lado del olvido? ¿Había más cosas que ignorábamos
de la familia?
Cuando este asunto había empezado a interesarnos creímos que el punto central giraba alrededor de Hilaria y sus relaciones amorosas , pero el farose estaba ilumnando hacia otras zonas que desconocíamos.
lunes, 21 de julio de 2008
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