Los chicos dormían en la habitación del fondo. León tan lejos con su amigo Henri armando con minuciosidad ese avión cuyas piezas había diseñado una a una con el empecinamiento de quien no puede ni se permitiría fracasar en tamaña aventura.
Hilaria había empezado a vivir su pequeño sueño de hadas, con el frenesí de lo prohibido, bajo la claridad de la luna , tras las cortinas de tul del mosquitero se entregaba al amor de ese hombre rudo de día pero tan dulce de noche que le entregaba su ser con la candidez desaforada de la juventud.
Apenas compartía con su marido el almuerzo frugal y se dedicaba a las tareas delicadas de algún bordado, ornamentar algo la casa, dirigir a la mucama y esperar esas horas de la noche donde empezó a ser salvajemente ella misma, aún en desmedro de otros aspectos de sí a los que estaba más acostumbrada. Empezó a desconocerse, lo reconocía, pero le gustaba infinitamente más
esta parte suya, en todo caso. Se sentía viva, plenamente mujer.
Pasó ese verano y León seguía ajeno a todo e Hilaria mientras pudo sostuvo la comedia.
Los chicos de día compartían mucho tiempo con ella, los llevaba a pasear por el campo en un sulky, les enseñó a andar en bicicleta,a reconocer pájaros y flores . A veces León se les unía y entonces parecían una familia perfecta.
jueves, 10 de julio de 2008
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1 comentario:
"el empecinamiento de quien no puede ni se permitiría fracasar en tamaña aventura": Genial!!!
Me hace acordar a mucha gente que conozco!!
Besote!!
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